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Este proyecto comenzó el 2015, cuando Tita Iacobelli (conocida por su trabajo en Compañia Viajeinmovil con Gulliver y Otelo) y Natacha Belova desarrollaron en Santiago el Laboratorio de Investigación “Plan B”, sobre la marioneta contemporánea, ocasión que convocó a 20 artistas de Europa y América. Luego de esta experiencia, surgió el deseo de trabajar en conjunto.

Belova propuso La Gaviota, obra de Antón Chéjov, que siempre le había atraído desde su Rusia natal. “Era un desafío acercarse a este gran texto a través del lenguaje de la figura y los objetos que son parte de un teatro más visual que verbal”, comenta. Además, siendo una obra que habla de actrices, de la angustia y el placer de hacer Teatro. Temas muy atingentes para ambas artistas.

Los ensayos se realizaron en Santiago, Buenos Aires y Bruselas, para finalmente estrenarse este 23 de junio en el Anfiteatro Bellas Artes, en el marco del Festival “La Rebelión de los Muñecos”, instancia del reconocido artista Jaime Lorca.

Trama y conflicto

“Chaika es el intento heroico y decadente de una vieja actriz por actuar sola en La Gaviota de Chéjov”, comienzan Tita Iacobelli y Natacha Belova.

nunca hablar de ni vejez, ni de muerte”, dice En todos los discursos de Arcadina sobre cómo se debe avanzar en la vida, en sus peleas con su hijo, su amante y sus conflictos personales; aparece una mujer desesperada de perderlo todo; perder su lugar, su poder, su teatro.

En la obra de Chéjov, la gaviota puede ser el símbolo de una fuerza vital. Los personajes viven con su gaviota, algunos la disecan, otros la asfixian y casi todos en algún momento matan a su gaviota. Salvo Nina, la actriz joven, que continúa al servicio de su deseo, de esa fuerza. Y que a pesar de llevarla a la devastación continúa buscando el sentido, confundida entre el deseo y realidad: “Soy una gaviota, no es eso… Soy una actriz”.

Iacobelli y Belova construyen un paralelo entre el personaje de Chaika y Arcadina, el que produce tensión entre la realidad y la ficción; el personaje y la actriz. Su deseo de continuar y su dificultad física y mental de lograrlo. Es así como, la pérdida de memoria no le permite a Chaika continuar la rutina de su actuación, ya que la pone en lugar obscuro lleno de vacíos, por lo que debe buscar un nuevo camino. Lo que la desespera, enfrentándola con sus angustias y frustraciones. Por otro lado, su recorrido en el papel de Arcadina se mezcla con su trayecto personal. Es su lucha vital entre abandonarse o continuar, el destino de su gaviota.

Chaika debe interpretar a Arcadina pero desea ser Nina, un deseo absurdo porque ya no le corresponde interpretar el papel de una joven, pero es quizás la única manera de despedirse del teatro para encontrarlo de modo diferente.

De esta forma, Chaika, con humor e ironía, permite analizar la trayectoria de la vida de alguien que ha estructurado su pertenencia desde el reconocimiento artístico. Permitiendo al público identificarse con la incomodidad del sinsentido que ella porta, y visibilizar la problemática de abandono en la vejez que merece reflexión sobre qué sociedad queremos construir. “Esta obra alude a una situación que cualquier persona experimenta en su vida, a avanzar y darse fuerza… encontrar sentido”, comenta Natacha. “Nuestro personaje ahora también está en un punto de su vida en que se cae o continúa”.

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