Mamá con SuperPoderes

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Cuando tuve la noticia de que me convertiría en mamá,  la alegría se instauró en mi corazón y allí se quedó por siempre. Tener un hijo, era sin duda alguna, un regalo maravilloso, colmado de ansiedad, felicidad, temores, un sin fin de emociones que experimentas en ese proceso.  Su llegada no fue fácil, mi trabajo de parto duró toda la noche, pero una mañana hace 14 años atrás, al fin pude tenerlo entre mis brazos.

Cuando ese niño tiene Necesidades Especiales, te conviertes de un día para otro en una Súper Mujer, comienzas a experimentar la transformación interna, la fuerza, la esperanza y  la paciencia se hacen tus compañeras; tu visión cambia, ya no eres una mujer simple… ahora tienes Súper Poderes.

Cada poder va naciendo desde tu interior, aprendes a disfrutar y a ver cada paso de su crecimiento como el más grande de los milagros, ponerse de pie, tomar una pelota, comer solo, hablar y decir mamá con los ojos y el corazón, incorporarse a este mundo y explorar en él con perseverancia, entusiasmo y alegría.

Incierto todo para esta nueva versión de mí misma, diagnósticos y visitas a una larga fila de especialistas buscando respuestas, tratamientos nuevos, medicamentos que al googlearlos  te dan pánico, miradas discrepantes, saltan millones de dudas ¿qué hago con toda esta información?, ¿cómo la proceso?, ¿cómo la canalizo?, ¿cuál es el camino correcto?, ¿cómo lo ayudo?, ¿cómo lo haré ahora?, ¿cómo será su futuro?… sientes al mundo entero sobre ti.

Pero como un día le dije a una mamá que compartía una sala de espera conmigo, mientras nuestros niños estaban en terapia, y que muy ansiosa y quizás esperando una respuesta que la llenará de esperanza me preguntó cómo lo había hecho para que mi hijo se desenvolviera con tanta expresividad y entusiasmo y le contesté: “Tenía 2 opciones: la primera  quedarme llorando y lamentándome y la segunda ponerme las pilas e ir contra el tiempo y sacarlo adelante. “No hay receta”, qué más quisiera yo tenerla y poder compartirla contigo y con todas, pero sólo te puedo decir desde mi experiencia que sigas tu instinto, tu corazón, tú eres y serás la única que lo conoce al cien por ciento, y ese SUPER PODER  está ahí dentro de tí, ahora sólo escúchalo porque ahora eres una SUPER MAMÁ y finalmente sólo se ve bien con el corazón como dice el Principito”.

No sé si lo que dije en ese momento contribuyó en algo en  su historia y la de su hijo, pero sus ojos brillaron, ella me miró, me sonrío y me dio las gracias, la sentí muy cercana y me respondió: “eso necesitaba escuchar”. Ese día descubrí ese SUPER PODER que llevamos dentro y que no siempre utilizamos “Compartir”, simplemente sin esperar nada a cambio.

En estos casi 15 años de camino, hoy me siento una mujer más completa, llena de vivencias y experiencias extremas, donde he puesto al límite mis capacidades y emociones. Hoy más resuelta, más fuerte, más empoderada, más sencilla, más generosa con los demás. No le temo a los qué dirán y busco, siempre busco una nueva mirada de todo, y lo más gratificante, agradezco cada día lo que tengo y lo que he aprendido.

Soy más paciente, increíble que lo sea, me rio a carcajadas, no me avergüenza una pataleta en un centro comercial, no me preocupa el qué dirán, disfruto el  presente, y cada día le tomo el pulso a las mañanas y me detengo en las tardes a esperar la puesta de sol. Sí, los super poderes me cambiaron, tengo más trabajo que nunca, quizás el triple, pero soy más libre, y más natural que nunca.

El cambio fue profundo, difícil muchísimas veces, pero no menos gratificante. Me siento bendecida, más conectada que nunca, llena de energías, sueños y esperanzas, más luchadora y apasionada por la vida que como jamás experimenté.

Aprendí a construir desde el amor, a valorar el cariño sencillo y sincero, a levantarme, gatear si es necesario y prender luces en la oscuridad, a desprenderme de la comodidad y pensar en positivo, aprendí a arriesgarme a lanzarme al vacío si es necesario.

Podría escribir tanto sobre esto, pero sé que quienes hoy se sienten como yo, saben que fuimos elegidos para vivir este camino, que nada es casualidad y que de alguna u otra manera con el tiempo vamos encontrando respuestas a nuestras preguntas, porque finalmente, todas provienen muy desde nuestro interior.

Cuando logras esa paz y ese equilibrio para vivir con la adversidad no existe el “Imposible” y no hay cabida para la “Desesperanza”. Ahora solo compartir y disfrutar a este principito que me envió el universo para mostrarme que puedo convertirme en lo que yo quiera ser.

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