Mi noción de patria es el barrio…

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Buscar, entonces, una calle que limita con todos los confines del mundo… y lo hace en la constatación de que somos parte de una sola gran aldea y que la línea del tren la cruza de extremo a extremo. Con buenas noticias. Por eso las personas que están en extremos tan distantes van a dar de pronto a un mismo punto de encuentro.

Es la ineludible y feliz conspiración de la ciudad…

Solo entendiendo eso podemos vivir en paz con quienes piensan o sienten diferente. Incluso ser capaces de sobreponernos al oportunismo o la especulación ideológica, esos hábitos de los mamíferos por imponer la estructura del poder, por confabular para que todos piensen lo mismo.

Hay quienes necesitan el extremo de ser completamente funcionales al sistema y en el otro extremo están quienes quieren destruirlo todo.

Prefiero una tercera alternativa: estar en paz… y esa paz te la da sólo el reconocer, como quien se conoce por primera vez, a tus pares, unirte a tu tribu, aunque sólo sea a través del efecto dominó que nos permite cruzar esquinas, incluso las distintas y distantes…

Pero no se trata de buscar la armonía al estilo de un rebaño de ovejas. La idea que practicamos alguna vez en nuestra infancia, al estilo de los esenios, es no esperar que los otros tomen la iniciativa y te ofrezcan la armonía, sino ofrecerla tú primero a ellos. Por eso no necesitas irte de la ciudad. Lo que tienes que hacer es vivir en la ciudad, pero al sur de tus emociones, ese sur donde todavía la naturaleza humana es esencial, como saber dónde está tu vida y dónde la mía, como el espacio entre dos árboles que cruzan sus ramas, el punto donde podemos convivir con los otros sin atentar contra las raíces de cada cual.

¿Es posible todo eso…?

Tal vez, pero cambiando tal pregunta por otra: ¿Cuál es el sentido de la esperanza…?

Tener la capacidad de hacerse preguntas como ésa es fundamental. Si uno pierde la posibilidad de hacerse esas preguntas en la vida cotidiana, simplemente termina por renunciar comprando en cuotas un tiempo compartido en algún parque de recuerdos…

Y como la memoria aún anda buena, prefiero vivirla a ojo atento y mirada amable tomando fotos de la ciudad. Amándola de vista y cariño. Ya saben, a esta edad he renunciado a los grandes imaginarios colectivos. Me basta y sobra con la pesca de una buena fantasía…

Esas buenas noticias que siempre te regala la ciudad…

P.D. La fotografía es del Parque Balmaceda, ciudadanos. Sí, ese puente de los candados que han hecho temblar los cimientos con tanto amor. No me parece mala idea en todo caso…

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