¿Qué tecnología LED debemos preferir?

Las modernas luminarias LED, además de ahorrar junto a la domótica hasta el 99% comparado con las antiguas incandescentes, son la mayor base técnica para las smart cities.

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Todas las personas necesitan iluminación diariamente en sus actividades. A nivel mundial existen nada menos que unas cuarenta y cuatro mil millones de luminarias y éstas presentan la mayor base técnica instalada para manejar inteligentemente ciudades completas. “Al usar moderna tecnología LED se puede ahorrar en potencia instalada, debido a la mayor eficacia de las luminarias LED (medida en lm/W, los lúmenes producidos por cada unidad de potencia eléctrica utilizada), y si a ello se le agregan inversiones en sensores (domótica) para reducir las horas de encendido, se llegan a valores mensuales de energía a pagar kWh de sólo el 5% comparado con luminarias fluorescentes y 1% comparado con las antiguas ampolletas incandescentes. Así se puede ahorrar hasta el 99% de las cuentas actuales”, señala Erwin Plett, director de Alfa Lux y Vicepresidente de la Comisión de Energía del Colegio de Ingenieros de Chile A.G.

 

LED no es igual a LED

Para juzgar la eficacia lumínica es relevante saber diferenciar las luces LED y comparar lúmen generados por cada Watt y también la vida útil. “Los lúmen producidos es la característica fundamental de cualquier luminaria (aunque no aparece en muchas etiquetas), mientras que los Watt de potencia sólo sirven para saber qué tan caros van a costar esos lúmen generados. Hoy se comercializan en el mercado chileno luminarias LED con eficacias lumínicas entre 45lm/W y 220lm/W (lúmen por cada Watt). Una ampolleta LED con eficacia lumínica baja, de sólo 70lm/W, similar a las fluorescentes, consume un 68% más de energía eléctrica que una luminaria con 220lm/W, entregando la misma luminosidad. Con tecnología LED de última generación, se pueden lograr interesantes ahorros económicos y ecológicos, ya que esta tecnología, cuando es LED de punta, genera hasta 73% de luminosidad y sólo 27% calor (las fluorescentes y las LED baratas, de tecnología obsoleta, generan 25% de luminosidad y 75% de calor)”, explica Plett.

Otro punto importante es la vida útil que se define para LED en horas (L70). Una ampolleta LED barata dura 10.000h y una excelente hasta 50.000h, es decir, esta última, con un uso diario de 6 horas, dura hasta 23 años sin necesidad de subirse a cambiarla, minimizando el costoso ítem de mantención y reposición.

Por su parte, el Internet de las Cosas (IoT) es prometedor. Aquí las luminarias son un canal ideal para esta comunicación en ambas direcciones. No se trata sólo de prender y apagar luminarias por control remoto, sino que agregar otros sensores por ejemplo para el acondicionamiento del ambiente (temperatura, humedad, nivel de iluminación, presencia humana, etc.) para manejar en forma óptima edificios completos. “La innovación en iluminación LED pasa por la integración de componentes como la generación de luz y la óptica necesaria, la miniaturización y la robotización que permiten hacer hoy las aplicaciones de luminarias LED cada vez más eficientes y flexibles en su diseño e inteligentes en su aplicación”, comenta Plett.

Sin embargo, “en Chile hay un desconocimiento absoluto de los avances de la tecnología LED. El avance tecnológico en luminarias LED ha sido más vertiginoso que los sistemas operativos o el desarrollo de los teléfonos inteligentes. El problema histórico radica que las ampolletas incandescentes (un simple fierro caliente generando sólo 15lm/W) no se modernizaron en 135 años desde su patente en 1880, y eran igual de derrochadoras en todo el mundo, hasta que se prohibió finalmente su venta en el 2015. Pero mentalmente nos quedamos pegados en lo que iluminaba una ampolleta incandescente de 50W y una ampolleta de 100W.

Los productos LED baratos que se encuentran en el mercado chileno, están técnicamente obsoletos porque consumen el doble o el triple de la energía que lo que la mejor tecnología LED puede ofrecer hoy. Los comerciantes de luminarias en general sólo recalcan la variable precios (inversión), dejando de lado aspectos relevantes (gastos operacionales) como los costos de energía, mantención, productividad y bienestar de las personas. Hoy hay que invertir en inteligencia y no sólo en ahorro energético”, dice Plett.

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