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Si fuese posible realizar un resumen de lo vivido hasta el momento por el COVID-19, quizás la palabra más apropiada sería “cambios”. Pocas veces fuimos testigos de un proceso transformacional tan radical en cuestión de meses.

No solo han variado las formas de socialización o incluso los patrones de compra; esos fenómenos parecen haber quedado solapados por un evento aún más sobrecogedor, el teletrabajo.

Compañías de todo el mundo se han visto obligadas a reconstituirse para adaptarse en cuestión de semanas al teletrabajo y que a pesar de ello la productividad no descienda. Este nuevo escenario supone en consecuencia una performance adaptada a las demandas contextuales, un reto que cambia las reglas del juego, que por suerte han sido moderadas por la Ley de Teletrabajo del 2018 actualizada a la situación actual en concordancia con el Código del Trabajador, lo que garantiza la seguridad de los empleados.

¿Qué nos deparan estos cambios?

El teletrabajo ofrece tanto pros como contras, en la medida que hay sectores que por su labor no pueden adaptarse al teletrabajo.

Trabajos afines al teletrabajo:

  • Administración y Finanzas
  • Marketing y Comunicación
  • Plataformas comerciales
  • Sector de Nuevas Tecnologías de la Información
  • Servicios Call Center

Trabajos poco afines al teletrabajo:

  •  Sector Agropecuario
  • Minería
  • Construcción
  • Transporte
  • Sector Servicios
  • Manufactura

Mientras que un oficinista podría pedir a domicilio un almuerzo en su tiempo de descanso a un restaurante online, por ejemplo, Mr Pretzel, para que el pedido llegase de forma efectiva sería preciso que un repartidor, que sí trabaja de forma presencial, le lleve su menú, por lo que la normalización del teletrabajo termina siendo factible solo para unos sectores en específico.

Especialistas de Recursos Humanos prevén que, aunque el teletrabajo no sea el futuro definitivo, sí que será seguramente una opción laboral que ofrecer a los trabajadores, especialmente mientras el COVID-19 continúe. En este sentido, algunas empresas promoverían que los trabajadores elijan entre trabajar de forma presencial u online, mientras que otras empresas podrían imponer un itinerario rotativo semipresencial de tal forma que de manera programada los empleados ejerzan su labor de ambas formas.

Por lo tanto, el salto digital acontecido supuso un entrenamiento a futuras perspectivas, en especial para aquellos sectores compatibles con el trabajo y cuyas políticas de trabajo se vean reforzadas por esta modalidad que destaca por su flexibilidad.

Cabe decirse, que los pronósticos de acá a 10 años sugieren que el Big Data, la realidad aumentada o incluso la gestión mediante dinero virtual producirán nuevos empleos aún inexistentes, por lo que no es extraño considerar que su desarrollo también sería un target objetivo para la implementación de teletrabajo.

Por su parte, los sectores poco afines podrían quedar atrás frente al desarrollo digital consecuente al teletrabajo, ya que este supone reinventar todas las dinámicas de organización y administración; no obstante, las recomendaciones van encaminadas a que, a pesar de tratarse de una reinvención ardua, los sectores tradicionales deberían actualizarse en la medida de lo posible especialmente en lo relativo a su gestión humana, con tal de digitalizar parte de su labor.

Los beneficios indican ser muchos, al tiempo que el cambio augura ser inevitable.

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